El estrés se ha convertido en una constante en muchos entornos de trabajo. Plazos ajustados, exceso de tareas, falta de control sobre las decisiones, ambigüedad de roles o la presión constante por alcanzar resultados son solo algunos de los factores que contribuyen a este problema silencioso. En el Instituto de Seguridad y Bienestar Laboral (ISBL), creemos que promover estrategias para su gestión eficaz es parte fundamental de cualquier programa de prevención y bienestar.
Una herramienta útil para abordar el estrés es el modelo de las 4 A’s, propuesto por Jorge Chibás. Este modelo invita a tomar acción consciente desde cuatro enfoques distintos: Evitar, Alterar, Aceptar y Adaptar.
Evitar consiste en no sobrecargarse con lo innecesario. Priorizar tareas esenciales, delegar cuando sea posible y eliminar aquello que no suma a los objetivos principales permite conservar energía y reducir tensiones. No todo merece nuestra atención y energía.
Alterar, por su parte, se refiere a tomar el control de lo que sí puede cambiarse. Implica comunicarse con claridad, dividir los problemas en partes más manejables y actuar paso a paso. Cambiar el enfoque y eliminar los hábitos improductivos también forma parte de esta estrategia.
Aceptar lo que no se puede controlar es un paso esencial para liberar el estrés que genera la resistencia ante lo inevitable. Aprender a vivir con ciertas limitaciones o situaciones externas, centrando la atención en las lecciones y el crecimiento que pueden surgir de ellas, es un alivio mental y emocional.
Finalmente, Adaptar nos invita a replantear los problemas desde una perspectiva más constructiva. No se trata de resignarse, sino de ajustar el enfoque, encontrar alternativas y dejar de perseguir el control absoluto.
A este modelo se suman seis hábitos sencillos pero eficaces para reducir el estrés en el día a día:
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Respiración controlada: La técnica 4-7-8 permite reducir el ritmo cardíaco y calmar el sistema nervioso. Inhalar durante 4 segundos, mantener la respiración por 7 y exhalar en 8 ayuda a gestionar momentos de alta tensión.
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Movimiento consciente: El ejercicio físico libera el cuerpo de la tensión acumulada. Basta con una caminata, estiramientos o alguna actividad aeróbica para notar el cambio.
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Espacio mental: Es vital desconectar de las pantallas y de la sobreinformación. Limitar la exposición a la tecnología y darse tiempo para aclarar la mente favorece la concentración y el bienestar.
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Desafiar tus creencias: Preguntarse si lo que pensamos está aumentando la presión innecesariamente es un ejercicio de higiene mental. Cambiar creencias irracionales por enfoques más realistas puede marcar la diferencia.
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Actuar sin dudar: Aplicar la regla de los 5 segundos, que consiste en contar hacia atrás antes de tomar una acción, es una estrategia útil para combatir la procrastinación y enfrentar tareas difíciles.
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Imaginación guiada: Cerrar los ojos e imaginar un lugar tranquilo o visualizar el logro de una meta ayuda a activar recursos internos, aportando serenidad y enfoque.
Desde el ISBL animamos a empresas y profesionales a integrar estas herramientas en sus estrategias de bienestar. Gestionar el estrés no es solo una cuestión de salud individual, sino una inversión colectiva para construir entornos laborales más saludables, productivos y humanos.


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